PROTECCIÓN DEL MEDIO AMBIENTE
La Antártida posee un gran valor como laboratorio
natural para la investigación científica en problemas
de relevancia global. A menos que sus características naturales
pueda ser preservadas de la contaminación en aumento y
de disturbios significativos debidos fundamentalmente a la acción
del hombre, la actividad científica se podría ver
seriamente restringida. La sensibilidad de los ambientes marinos
y terrestres antárticos indica que deben tomarse precauciones
especiales para conservarlos.
A partir de la ratificación del Protocolo
al Tratado Antártico sobre la Protección del Medio
Ambiente, o el Protocolo de Madrid (Ley de la Nación Nº
24.216), el Sistema del Tratado se vio reforzado con una serie
de normas que involucran el compromiso de las partes, en la protección
global del medio ambiente y de sus ecosistemas dependientes y
asociados, designando a la Antártida como reserva natural,
consagrada a la paz y la ciencia.
La protección ambiental de la Antártida
tiene dos metas: una se relaciona con el mantenimiento de la
alta productividad y relaciones ecológicas en el océano
austral, y la otra con el mantenimiento del ambiente en condiciones
prístinas. El principal valor a conservar en la Antártida
es su carácter de fuente única de información
prácticamente libre de contaminación u otros efectos
humanos, para las ciencias geofísicas, geológicas
y biológicas, útiles para la humanidad
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